El Real Betis encontró en el extremo marroquí una vía para discutir el partido, pero concedió demasiado en su área. La superioridad interior del Barcelona , el talento de Lamine y la expulsión de Bernal terminaron por desarmar a los verdiblancos.
El conjunto de Pellegrini tuvo argumentos para incomodar a los de Flick, aunque le faltó equilibrio para sostenerlos. El Real Betis encontró espacios a la espalda de la defensa azulgrana y consiguieron mantener abierto un encuentro que se les puso cuesta arriba. Sin embargo, cada respuesta ofensiva convivió con dificultades para proteger su propia área. El 2-5 en La Cartuja dejó una derrota construida sobre esa fragilidad.
El FC Barcelona manejó el balón, encontró ventajas por dentro y tuvo en Lamine Yamal al futbolista capaz de convertirlas en ocasiones. El Real Betis se agarró a Abde para seguir compitiendo, pero el balón parado y la roja de Facundo Bernal, justo después del 2-3, terminaron por reducir sus opciones.
Ocho cambios y un centro del campo con poco rodaje
Pellegrini introdujo ocho novedades respecto a la victoria ante el Porto. Solo Álvaro Valles, Fran García y Abde repitieron en el once. Con menos de tres días entre ambos encuentros, repartir esfuerzos tenía sentido. La dificultad estaba en hacerlo frente a un rival que exigía precisión para salir y coordinación para defender.
El chileno mantuvo el 4-2-3-1, con Bernal y Dani Ceballos en la base, Lo Celso por delante y Fornals partiendo desde la derecha con tendencia a ocupar posiciones interiores. Cucho Hernández ofrecía movilidad arriba. Había futbolistas para asociarse, aunque varios llegaban con pocos minutos y el equipo necesitaba entenderse a la velocidad que imponía el Barcelona.
Ceballos buscó dar salida a pocos toques, mientras Bernal tuvo dificultades para encontrar su sitio. El Real Betis conservó calidad para producir acciones de peligro, pero le costó enlazarlas y disponer de posesiones que también le permitieran descansar. Las rotaciones alteraron muchas conexiones al mismo tiempo.
Espart dio una ventaja y Lamine la convirtió en peligro
Una de las claves del planteamiento de Flick estuvo en Xavi Espart. Su incorporación hacia dentro añadió un apoyo a Pedri y Rodri, facilitando la circulación azulgrana. El Real Betis debía decidir cuándo saltar sobre el receptor y cómo proteger el espacio que podía quedar detrás.
Esa presencia adicional ayudó al Barcelona a mover la pelota con continuidad. Los verdiblancos adelantaron su presión tras el empate y lograron incomodarlo durante algunos tramos, aunque no consiguieron mantener esa respuesta. Cuando el Barça encontraba un pase para superar la primera oposición, volvía a obligarlos a correr hacia su portería.
En ese contexto apareció Lamine. Su tendencia a abandonar la banda comprometía también a los centrocampistas béticos, pendientes de sus recepciones interiores. El primer gol reunió ese movimiento, un recorte y una ejecución extraordinaria desde fuera del área.
Además, el extremo supo dar continuidad a sus ventajas. La conexión con Fermín y el pase atrás para Gabriel Jesus en el 1-3 explicaron cómo el Barça podía transformar una asociación rápida en un remate sencillo. La defensa llegó tarde a la combinación y tampoco pudo proteger la zona de finalización.
Abde encontró la espalda que el Barcelona dejaba libre
El principal recurso del Real Betis estuvo en la izquierda. Abde permitió ganar metros mediante la conducción y ofreció una amenaza constante al espacio. A su lado, Fran García añadió un apoyo que obligaba a Koundé a vigilar tanto al extremo como la incorporación del lateral.
Por esa banda, los verdiblancos encontraron una forma de salir del dominio visitante. El peligro también alcanzó el costado contrario, donde Bellerín apareció para exigir una gran intervención de Joan García. La circulación azulgrana no evitaba que el Real Betis encontrase oportunidades cuando conseguía avanzar.
El gol de Abde mostró con claridad esa posibilidad. Lo Celso detectó la carrera, puso el pase profundo y el marroquí aprovechó los metros disponibles para definir. El Real Betis necesitaba encontrar al pasador con tiempo y al extremo en movimiento.
También el empate de Valentín Gómez había nacido de la insistencia de Abde, que consiguió el córner. El despeje defectuoso de Gabriel Jesus permitió a Fornals volver a centrar. Ahí, la defensa visitante tampoco resolvió la continuación de la jugada.
El balón parado volvió a exponer al Real Betis
La diferencia estuvo en cuánto castigó cada equipo esas acciones. El Barcelona encontró dos goles a balón parado que dañaron al Real Betis en momentos decisivos y señalaron problemas distintos dentro de su área.
En el cabezazo de Rodri, tras el córner de Fermín, faltó oposición sobre el rematador. Valles tampoco transmitió seguridad en su salida. El Real Betis permitió una finalización demasiado limpia en una situación que exigía controlar tanto la trayectoria como los movimientos del rival.
El cuarto gol volvió a mostrar dificultades para reaccionar. La falta de Lamine rebotó en la barrera, el balón cambió de dirección y Cubarsí se anticipó al guardameta para asistir de cabeza a Eric García. El desvío complicó la lectura, pero el Barcelona respondió antes.
Valles realizó paradas importantes, especialmente ante Adeyemi, aunque sus intervenciones convivieron con errores de cálculo que tuvieron un coste elevado. El Real Betis necesitaba más seguridad en esas jugadas para que su esfuerzo ofensivo tuviera continuidad en el marcador.
La expulsión llegó cuando el partido volvía a abrirse
La polémica tuvo peso en el encuentro: El gol anulado a Lo Celso por una mano previa de Cucho impidió que el Real Betis llegase al descanso con el empate. A lo que los verdiblancos reclamaron el empujón anterior al colombiano y también juego peligroso de Fermín en el origen del 1-3.
Esas acciones explican parte del enfado local. Aun así, el equipo debía conservar la capacidad de competir dentro del escenario que tenía delante. Y acababa de encontrar una oportunidad con el gol de Abde.
La roja directa a Bernal, tras su enfrentamiento con Lamine, dejó al Real Betis sin un mediocentro cuando necesitaba sostener la reacción. Desde entonces tuvo un jugador menos para cerrar los pases interiores, acudir a las ayudas y ofrecer una salida al recuperar.
Bellerín lo expresó después con claridad: «La expulsión es una jugada que no nos podemos permitir». La acción tuvo una consecuencia inmediata sobre el equilibrio del equipo. Frente a un rival capaz de mover el balón y obligar a desplazarse continuamente, cada ayuda pasó a exigir un esfuerzo mayor.
Los cambios tuvieron menos margen para cambiar el guion
Pellegrini había introducido a Deossa por Ceballos al descanso. El colombiano añadió recorrido y capacidad para cubrir terreno, aunque la expulsión llegó demasiado pronto para valorar el ajuste durante un tramo prolongado en igualdad.
Las entradas de Riquelme y Parrott, y después de Fidalgo y Ángel Ortiz, tampoco recuperaron la continuidad ofensiva. Con las salidas de Lo Celso y Fornals, el Real Betis perdió dos conexiones que habían participado en sus mejores acciones. Los relevos encontraron un partido mucho más difícil de remontar.
El Barcelona pudo renovar su ataque en un contexto favorable. Gordon añadió carreras y remates, mientras Dani Olmo ofreció amenaza desde la frontal y terminó cerrando la goleada. Flick dispuso de margen para repartir esfuerzos sin que su equipo dejara de generar peligro.
Una derrota que exige recuperar el equilibrio
Los datos de LaLiga reflejan la superioridad visitante: un 69,3% de posesión y 18 remates frente a seis. Son cifras del encuentro completo, condicionadas también por la inferioridad bética durante buena parte de la segunda mitad.
El Real Betis encontró una debilidad del líder y tuvo jugadores capaces de aprovecharla. Abde estiró al equipo, Lo Celso encontró el pase y Fornals aportó soluciones. Para sostener esa respuesta necesitaba defender mejor su área y conservar a los once futbolistas. La calidad permitió discutir el partido; los errores propios fueron cerrando las posibilidades de hacerlo.










