ANÁLISIS | Lille 2-3 Real Betis: una remontada para creer, pero también para tomar nota

Lille 2-3 Real Betis.

El Real Betis regresó a la Champions 21 años después con una victoria de las que pesan. Los de Pellegrini remontaron dos veces al Lille, generaron mucho más que su rival y encontraron en Bartra a un goleador inesperado. Parrott terminó de darle la vuelta a un partido que deja tres puntos enormes y, al mismo tiempo, varios avisos defensivos de cara a lo que viene.

Veintiún años después, el himno de la Champions volvió a sonar para el Real Betis. Y el regreso difícilmente pudo tener más ingredientes: dos veces por detrás, tres goles, una remontada, Bartra marcando por partida doble y Troy Parrott apareciendo para completar una noche que comenzó torcida y terminó con los verdiblancos celebrando una victoria de enorme valor en Francia.

El resultado, sin embargo, cuenta solo una parte de lo ocurrido. Porque el Real Betis ganó, pero también volvió a enseñar algunos de los problemas que le han acompañado en este inicio de temporada. El equipo de Pellegrini tuvo momentos de mucho fútbol, encontró constantemente el área rival y terminó con 20 remates frente a únicamente 6 del Lille, pero necesitó sobreponerse a dos situaciones defensivas demasiado evitables. Los datos terminaron siendo bastante contundentes: 55% de posesión, 1,75 xG frente a 1,02, cinco disparos a puerta por dos y 31 toques dentro del área rival frente a 13. 

Es decir, el Real Betis produjo más, llegó más y amenazó más. El problema estuvo en que el Lille necesitó muchísimo menos para hacer daño. Y ahí aparece posiblemente la principal lectura que debe llevarse Pellegrini de su estreno europeo: su equipo tiene fútbol suficiente para competir en Champions. Ahora necesita conseguir que sus propios errores no conviertan cada partido en una carrera de obstáculos.

El Lille encontró demasiado fácil la espalda del Betis

Davide Ancelotti tuvo claro desde el inicio dónde podía encontrar espacios. El Lille cargó especialmente su ataque sobre el costado izquierdo verdiblanco, tratando de aprovechar las incorporaciones de Tiago Santos y los movimientos de Ethan Mbappé alrededor de Junior Firpo y Riquelme. Una zona en la que el Real Betis comenzó a sufrir especialmente cuando perdía el balón con demasiados jugadores por delante.

El 1-0 fue probablemente el mejor ejemplo. El conjunto francés consiguió progresar por su derecha, Mbappé recibió con tiempo para levantar la cabeza y Ayase Ueda apareció completamente libre en el segundo palo para adelantar al Lille en el minuto 12. No fue únicamente un problema de Firpo o Riquelme. La jugada terminó castigando la vigilancia del lado débil y la distancia existente entre jugadores cuando el Lille conseguía superar la primera presión. 

Pellegrini había planteado un Real Betis valiente. Bellerín podía ganar altura desde la derecha, Riquelme y Antony fijaban arriba, Isco disponía de libertad y Fornals aparecía continuamente por delante y por detrás de la primera línea de presión. El plan permitía acumular muchos efectivos alrededor del área francesa, pero también dejaba una consecuencia bastante evidente: cuando se perdía mal, tocaba correr hacia atrás.

Y ahí Bernal tenía demasiado campo que abarcar. No era un problema cada vez que el Real Betis perdía el balón, pero sí cuando el Lille conseguía eliminar esa primera reacción verdiblanca. Superada la presión inicial, los franceses encontraban metros para atacar una defensa obligada a retroceder.

El segundo gol llegó de otra manera, aunque dejó un aviso parecido. Marc Bartra había empatado previamente de cabeza tras una acción a balón parado, pero apenas tres minutos después Alexsandro volvió a colocar por delante al Lille imponiéndose también por arriba. Los tres primeros goles del encuentro fueron de cabeza y dos de ellos llegaron directamente después de acciones de estrategia o centros al área. 

El Lille estaba castigando prácticamente cada grieta que encontraba.

El 2-1 castigó mucho más de lo que explicó

Llegar al descanso por detrás podía hacer pensar en un Real Betis superado, pero no fue así. Los verdiblancos estaban encontrando caminos hacia la portería de Özer y acumulando ocasiones con una facilidad bastante mayor de la que reflejaba el marcador. El partido terminó con 20 disparos del Real Betis, 18 ocasiones creadas y 31 intervenciones dentro del área rival, mientras que el Lille se quedó en seis remates durante toda la noche. 

Y ya antes del descanso habían aparecido ocasiones suficientes para cambiar completamente el resultado. La más clara fue de Parrott: el delantero recibió prácticamente frente al portero después de una transición y mandó fuera una ocasión valorada en 0,54 xG. Apenas un minuto después, Isco también dispuso de una buena situación dentro del área con un remate de 0,21 xG que se marchó fuera. 

Por esta razón, Pellegrini no necesitó desmontar el equipo durante el descanso. No hubo triple cambio, modificación radical de sistema ni volantazo táctico. El Real Betis necesitaba seguir llegando igual, pero defender mejor los momentos posteriores a sus ataques y aumentar una marcha la velocidad de ejecución.

Dicho de otra manera: el problema no estaba tanto en lo que hacía el Real Betis cuando tenía el balón, sino en lo que sucedía cuando dejaba de tenerlo. Y el inicio de la segunda mitad confirmó que el plan todavía tenía sentido.

Bartra se vistió de delantero en la noche europea

Que Marc Bartra terminase siendo el gran protagonista del regreso del Real Betis a la Champions probablemente no aparecía en demasiadas quinielas. Que lo hiciese marcando dos goles, todavía menos.

El central firmó el primero en el minuto 33 después de una segunda acción tras córner. Fornals volvió a introducir el balón en el área y Bartra atacó desde atrás para imponerse por alto y devolver momentáneamente el empate. Después del descanso repitió la fórmula: falta lateral lanzada por Isco, movimiento hacia el área pequeña y otro cabezazo para colocar el 2-2. 

Dos goles diferentes en su origen, pero prácticamente idénticos en la ejecución. Bartra atacó siempre el balón en movimiento y el Lille nunca consiguió encontrar una respuesta. Sus dos remates terminaron dentro de la portería y acumularon 0,43 xG, una cifra que explica bastante bien cómo el central convirtió dos situaciones relativamente complejas en dos goles. 

Y su partido fue bastante más que eso. El central español jugó el encuentro completo y marcó con sus dos únicos remates, atribuyéndose además 80 intervenciones con balón y cinco duelos ganados, lo que acabó otorgándole el MVP del encuentro.

En definitiva, un central ejerciendo de delantero sin olvidarse de que seguía siendo central en un encuentro repleto de espacios, transiciones y llegadas, donde la estrategia terminó convirtiéndose casi en un partido dentro del propio partido. Y ahí Bartra fue el que mandó.

Fornals dio continuidad e Isco puso el último pase

En un Real Betis con Isco resulta demasiado fácil explicar prácticamente cualquier buena actuación ofensiva recurriendo directamente al malagueño. Esta vez sería quedarse corto.

Pablo Fornals fue probablemente el futbolista que más continuidad consiguió darle al juego verdiblanco. Se movió para ofrecer línea de pase durante la salida, apareció entre líneas cuando el Real Betis conseguía instalarse arriba y terminó llegando también a zonas desde las que podía generar peligro. Los números acompañan esa sensación: completó 66 de sus 75 pases, generó cuatro pases clave y dio la asistencia del primer gol de Bartra.

Por su parte, Isco tuvo otro tipo de influencia. No necesitó intervenir permanentemente para cambiar el partido cada vez que recibió con cierta libertad. Terminó con tres pases clave, creó dos grandes ocasiones y colocó la falta lateral que Bartra convirtió en el 2-2 poco después del descanso. En suma, Fornals dio continuidad e Isco puso la diferencia.

A su alrededor también aparecieron Antony y Riquelme. El brasileño volvió a convertirse en una amenaza permanente desde la derecha. Terminó con seis disparos y tres pases clave, además de participar en numerosas conducciones hacia campo contrario. No todas sus acciones encontraron un buen final, pero obligó continuamente al Lille a defender y permitió al los de Pellegrini instalarse cerca del área francesa. 

Riquelme, por su parte, fue creciendo con el paso de los minutos hasta participar directamente en la jugada que decidió el encuentro. Y ahí apareció Parrott.

Parrott falló el gol fácil y marcó el que no parecía

Troy Parrott tuvo antes del descanso una ocasión que probablemente marcaría nueve veces de cada diez y la mandó fuera. Poco después de comenzar la segunda mitad recibió otra bastante más complicada y esa terminó dentro. La diferencia entre ambas situaciones resulta especialmente llamativa. Su oportunidad del minuto 40 estaba valorada en 0,54 xG, mientras que la del gol del 53′, apenas en 0,04 xG. 

Pero la jugada del 2-3 también sirvió para explicar por qué Pellegrini puede encontrar en el irlandés un recurso diferente. El Real Betis recuperó y aceleró. Riquelme levantó la cabeza, Parrott detectó el espacio existente a la espalda de la defensa y recibió antes de cruzar con la izquierda hacia el palo largo.

Era exactamente el escenario que necesita un delantero con capacidad para atacar metros: defensa corriendo hacia su propia portería y espacio por delante. Y es que Parrott no necesita intervenir constantemente en la construcción para condicionar un partido, su amenaza está en otra parte.

Cuando el Real Betis consigue recuperar y dispone de metros, su predisposición para correr detrás de los centrales ofrece una salida vertical que no siempre aparece con delanteros más acostumbrados a recibir al pie. En Lille apenas necesitó una de esas situaciones para decidir el encuentro. Y después de marcar también ante el Real Madrid cuatro días antes, su inicio como verdiblanco comienza a presentar pocos problemas de adaptación.

La roja ayudó a controlar, no a remontar

La expulsión de Ethan Mbappé cambió el partido, pero no cambió quién había remontado. Parrott colocó el 2-3 en el minuto 53 y Mbappé vio la tarjeta roja en el 56′ después de que el VAR revisara su golpe sobre Natan. Cuando el Lille se quedó con diez jugadores, el Real Betis ya había conseguido darle la vuelta al marcador jugando once contra once. 

La expulsión facilitó lo que vino después: gestionar. Y Pellegrini entendió bastante rápido que el partido había cambiado.

Álvaro Fidalgo sustituyó a Isco y Valentín Gómez entró por Natan en el 61′. Poco después Marc Roca ocupó el lugar de Bernal. Más tarde aparecerían Fran García y Deossa. Los cambios redujeron riesgos, aportaron piernas frescas y permitieron a los verdiblancos afrontar el tramo final con mayor capacidad para conservar el balón. 

En este sentido, el Lille apenas volvió a amenazar. De hecho, sus dos únicos remates entre los tres palos fueron los dos goles de la primera mitad, por lo que Álvaro Valles no tuvo que realizar ninguna parada durante todo el encuentro.

Pese a ello, Giroud todavía encontró una situación peligrosa dentro del área en el minuto 83, aunque la defensa verdiblanca consiguió impedir que terminase en gol.

Tres puntos enormes y varios avisos para Europa

El regreso del Real Betis a la UEFA Champions League difícilmente podía empezar mejor desde el resultado.

Veintiún años habían pasado desde su última participación y los verdiblancos regresaron ganando fuera de casa, levantando dos veces un marcador adverso y haciéndolo después de marcharse al descanso perdiendo.

Además, esta vez los números sí acompañaron al marcador. El Real Betis remató 20 veces frente a seis, produjo 1,75 goles esperados frente a 1,02, creó tres grandes ocasiones por una y acumuló 31 toques en el área rival. En otras palabras, ganó el equipo que más produjo.

Pero Pellegrini también tiene trabajo. El Lille consiguió marcar dos goles con apenas seis remates durante todo el encuentro. El primero volvió a dejar dudas en la protección del lado débil y en la defensa de los espacios cuando el equipo pierde el balón con demasiados hombres arriba. El segundo recordó que el balón parado defensivo puede convertirse rápidamente en un problema en una competición donde cualquier detalle tiene un precio mucho mayor.

Y posiblemente ahí esté la principal conclusión del redebut europeo en Champions: Este Real Betis tiene argumentos para competir.

Tiene a Fornals para sostener posesiones y conectar jugadas. Tiene a Isco para encontrar pases que otros simplemente no ven. Tiene extremos capaces de acelerar el encuentro, un delantero como Parrott preparado para atacar espacios y, por lo visto en Lille, hasta un central dispuesto a convertirse en goleador cuando la noche lo exige.

Pero la Champions concede bastante menos margen que LaLiga para corregir errores sobre la marcha. Ante el Lille hubo fútbol suficiente para hacerlo ,pero ante rivales de mayor pegada, regalar una espalda, perder una vigilancia en el segundo palo o conceder un remate limpio a balón parado puede costar bastante más caro.

El Real Betis volvió a Europa de la mejor manera posible: ganando. Ahora el siguiente paso será conseguir que no siempre tenga que remontarse a sí mismo.

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