El desequilibrio de Antony y Abde y la respuesta de Pellegrini desde el banquillo impulsaron la victoria verdiblanca. El Real Betis encontró soluciones para remontar, aunque volvió a conceder demasiado para cerrar una noche europea sin sufrimiento.
Los de Pellegrini tienen argumentos para hacerse escuchar en la Champions. Su victoria ante el Porto en La Cartuja mostró a un equipo con personalidad para llevar la iniciativa, calidad para desbordar y alternativas para cambiar un partido que se había complicado. El Real Betis encontró en las bandas y en el banquillo las respuestas que necesitaban para sumar otros tres puntos y mantener el pleno europeo.
El resultado también dejó deberes. Al Real Betis le costó protegerse mientras atacaba y algunas imprecisiones dieron vida a un rival que necesitó bastante menos para hacer daño. La diferencia estuvo en la capacidad verdiblanca para insistir sobre una debilidad concreta: el costado izquierdo de la defensa portuguesa. Por allí apareció Antony, ganó profundidad Ángel Ortiz y terminó encontrando salida un encuentro que exigió algo más que empuje.
Dominar no siempre significa controlar
Pellegrini partió de una estructura reconocible. Marc Roca y Nelson Deossa formaron en el centro del campo, con Isco por delante y Antony y Abde en los extremos. Troy Parrott ocupó la punta del ataque, mientras Ángel Ortiz y Fran García ofrecían recorrido desde los laterales.
El Real Betis tenía distintas maneras de avanzar. Isco aparecía por dentro para conectar la jugada y los extremos ensanchaban el campo para evitar que el Porto pudiera concentrar toda su defensa en el carril central. Si los portugueses cerraban los espacios interiores, quedaba la opción de buscar el uno contra uno o probar desde fuera del área.
Los 13 remates antes del descanso reflejaron esa iniciativa. Deossa amenazó con su disparo y Ortiz también encontró posiciones para exigir a Diogo Costa. El guardameta sostuvo al Porto y evitó que la producción ofensiva verdiblanca tuviera una recompensa mayor.
Sin embargo, el Real Betis no trasladó esa superioridad a todas las fases del juego. La salida comprometida de Álvaro Valles y el posterior despeje de Natan, que terminaron con un remate de André Silva al larguero, mostraron el precio de equivocarse cerca del área propia. Los verdiblancos tenían recursos para instalarse arriba, pero no siempre aseguraban lo que ocurría a su espalda. Esa distancia entre atacar bien y controlar el encuentro mantuvo al Porto con opciones.
El Porto encontró cómo hacer daño
El equipo de Francesco Farioli tuvo problemas para progresar con continuidad, aunque conservó capacidad para amenazar. Alan Varela asumió peso en la construcción, mientras Victor Froholdt y Gabri Veiga completaban un centro del campo que debía resistir la iniciativa local y encontrar conexiones con los atacantes.
Conviene distinguir las vías por las que llegó el peligro portugués. El gol de falta de Gabri Veiga tuvo mucho de ejecución individual. Su acierto castigó al Real Betis sin necesidad de superar su entramado defensivo mediante una larga combinación. Otras acciones, en cambio, sí señalaron dificultades verdiblancas para defender cuando el rival conseguía avanzar.
La entrada de Samu Aghehowa añadió una amenaza diferente. Su potencia y capacidad de remate cambiaron las exigencias para los centrales. La asociación con Pepê y el disparo con el que superó a Valles explicaron el impacto inmediato de la sustitución.
Farioli encontró una respuesta desde el banquillo y el Porto dispuso de oportunidades para ampliar su ventaja. No aprovecharlas tuvo consecuencias, porque el Real Betis seguía encontrando situaciones favorables en ataque. El conjunto portugués había conseguido darle la vuelta al marcador, pero todavía debía resolver cómo sostenerlo.
Cucho ofrece el remate que necesitaba el Real Betis
La reacción de Pellegrini llegó con las entradas de Cucho Hernández y Dani Ceballos por Parrott y Deossa. El técnico modificó los perfiles sin deshacer la estructura que había permitido a su equipo generar ocasiones.
Parrott había trabajado sobre los centrales y ofrecido movimientos para atacar el espacio. Con Cucho, el Real Betis encontró una nueva respuesta dentro del área. El colombiano supo interpretar la ventaja creada por Antony y resolvió de primeras, antes de que la defensa pudiera corregir.
La acción del empate reunió dos de las principales virtudes del equipo: desequilibrio exterior y capacidad para aprovecharlo. El regate tenía continuidad en un compañero preparado para rematar. Ahí estuvo el valor de Cucho, que convirtió una buena acción por banda en una ocasión resuelta con rapidez.
Ceballos ofreció otra opción para asociarse junto a Roca e Isco. Su entrada permitió variar la elaboración y buscar continuidad con balón. El Real Betis necesitaba insistir, pero también encontrar los pases adecuados para que sus atacantes recibieran en condiciones de hacer daño.
Antony y Ortiz señalan el camino
La banda derecha acabó siendo determinante. Francisco Moura sufrió frente a Antony y el Real Betis encontró motivos para volver una y otra vez sobre ese duelo.
El brasileño superó al lateral en la acción del empate y Ángel Ortiz apareció después en esa misma zona para provocar el penalti. Fueron dos desenlaces distintos de un problema que el Porto no consiguió resolver: contener el desborde del extremo y atender también las incorporaciones del lateral.
La presencia de Ortiz añadía una segunda preocupación. La defensa portuguesa debía vigilar al poseedor del balón sin perder de vista al futbolista que llegaba desde atrás. Esa combinación dio profundidad al Real Betis y obligó al rival a tomar decisiones bajo presión.
Los dos entrenadores habían mejorado su ataque mediante las sustituciones. La diferencia estuvo en que Pellegrini encontró una debilidad sobre la que insistir y Farioli no logró cerrarla. El banquillo aportó soluciones, pero el partido también se decidió en la lectura de lo que seguía ocurriendo sobre el césped.
Tres futbolistas para abrir caminos distintos
Isco, Abde y Antony sostuvieron buena parte de la amenaza verdiblanca desde funciones diferentes. El malagueño ofreció una referencia interior para recibir, asociarse y dar continuidad a las posesiones. Su influencia fue más allá del penalti: el Real Betis necesitaba un jugador capaz de conectar el centro del campo con el ataque.
Abde aportó velocidad y desborde desde la izquierda. Su gol tuvo el sello de una ejecución extraordinaria, aunque recibir abierto le permitió afrontar la acción desde una posición favorable. Su amenaza obligó al Porto a prestar atención a un costado que tampoco podía descuidar.
Antony terminó convirtiendo su banda en la vía más productiva para la remontada. Su capacidad para superar a Moura y encontrar después a Cucho dio sentido a la insistencia verdiblanca.
Esa variedad es una de las fortalezas del equipo de Pellegrini. El Real Betis puede progresar mediante la asociación interior, acelerar con sus extremos y sumar a los laterales. Ante el Porto, disponer de varias respuestas le permitió seguir buscando la victoria cuando el marcador dejó de acompañar.
Ganar también obliga a corregir
El VAR tuvo peso en el resultado, con la anulación del gol de Martim Fernandes por una mano previa de Borja Sainz y la revisión que terminó en penalti sobre Ortiz. Pero la acción de la pena máxima también tuvo una explicación futbolística: el Real Betis volvió a atacar la zona que más dificultades estaba generando a su rival.
Ni siquiera el 3-2 aseguró un desenlace tranquilo. Valles tuvo que intervenir ante Santiago Giménez en el descuento para proteger una victoria que todavía podía escaparse. Su parada resultó decisiva y recordó que la reacción ofensiva no había resuelto todos los problemas.
El Real Betis suma seis puntos en dos jornadas de Champions, con cuatro goles encajados y margen para mejorar la salida de balón, la protección tras pérdida y la gestión de las ventajas. Tiene calidad para competir y banquillo para cambiar los partidos. Ahora necesita reducir las ocasiones en las que todo depende de volver a levantarse.
La Cartuja celebró una victoria con motivos para ilusionarse. El siguiente paso será conseguir que una buena noche de sus atacantes no tenga que terminar siempre pendiente de una última parada.











